lunes, 25 de abril de 2011

El Pueblo de Dios en la Diócesis del Yunque, junto a sus Pastores, camina hacia el encuentro con el Resucitado.





En un ambiente de júbilo y de comunión eclesial, la Diócesis de Fajardo-Humacao celebró la Misa Crismal en la plazoleta de la Catedral Santiago Apóstol de Fajardo, el pasado martes, 19 de abril.  La celebración estuvo enmarcada entre cánticos, gestos de agradecimiento y alabanzas al Señor en el Pueblo de Dios, contando con la presencia de niños, jóvenes,  adultos, diáconos, religiosos, religiosas y la participación especial del Clero Diocesano.  Ante una plazoleta  colmada de  espíritu “catedralicio”, llena de fervor  y de entusiamo, el Obispo de la Diócesis del Yunque, S.E.R. Mons. Eusebio Ramos Morales, inició la celebración proclamando el lema cuaresmal diocesano: “Hacia el Encuentro con el Resucitado”.


En su homilía,  el Obispo hizo un llamado especial a los Presbíteros, invitándoles a reflexionar y a considerar la  configuración y santificación del Pueblo de Dios.   Aunque todos tenemos responsabilidad eclesial de una forma u otra, los  que estamos al frente de nuestras comunidades parroquiales,  tenemos mayor responsabilidad y como Jesús, Buen Pastor, debe palpitar en nuestros corazones una acciones vitales: conocer, escuchar, alimentar,acompañar, sanar y buscar a la “oveja perdida”.  Sólo en sintonía con el corazón de Jesús,Buen Pastor,  podemos configurar y sanar al Pueblo de Dios.
Cuando surge la Diócesis de Fajardo-Humacao, la Iglesia Local del Yunque, este Servidor, mis Presbíteros y el conjunto de bautizados de los diez municipios que nos entregaron, recibimos la encomienda de constituir y formar al Pueblo de Dios  en el Oriente de Puerto Rico.   Tengamos presente que “Pueblo de Dios” es una de la categorías principales del Concilio Vaticano II  para designar a la Iglesia de Jesucristo.  Así, nos dice el Concilio: “… fue voluntad de Dios el santificar y salvar  a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad  y le sirviera santamente”, LG 9.

Luego, la realidad que vive el País,  nos interpela: dispersión en nuestras familias, aislamiento en las comunidades, deterioro e incomunicación en los matrimonios, maltrato y violencia en las relaciones interpersonales, corrupción en los servicios, fanatismos políticos y religiosos, dejadez e indiferencia  en en muchos bautizados, esclavitud de drogas y alcohol,  adicción a las redes e informática,   mentiras y demagogia en muchos líderes, dolor y sufrimiento  en el corazón de nuestro pueblo.  También, se pretende quitarle contenido o confundir los valores cristianos de nuestra cultura e identidad puertorriqueña.  Incluso, se pretende quitarle legitimidad al mensaje de la  Iglesia Católica y a sus Pastores”,  en algunos  ambientes de los medios de comunicación.
El Obispo hizo énfasis en la santificación del Pueblo Dios, pueblo que tiene identidad real, una identidad a imagen de Cristo.
“Constituimos un pueblo santo donde Cristo Jesús es nuestra Cabeza y el Espíritu Santo es nuestra alma.   Cristo Jesús nos configuró como un reino de sacerdotes para Dios, su Padre y nuestro Padre.  “Los bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda la obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios  espirituales y anuncien el poder de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.  Por ello, todos los discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabando juntos a Dios, ofrézcanse, así mismos  como hostias vivas, santas y gratas a Dios y den testimonio por doquiera  de Cristo”,  LG 10.

Para garantizar esta santificación, surgen dos tipos de sacerdocios en el Pueblo de Dios: el sacerdocio común de los fieles y el  sacerdocio ministerial.  Los fieles ejercitan su sacerdocio participando de la vida sacramental de la  Iglesia, en la oración, la acción de gracias, el testimonio, el servicio y la caridad.  Se trata de hacer de nuestras vidas una continua ofrenda a Dios y al prójimo.  Por otro lado, del pueblo de Dios, algunos  hombres son llamados al sacerdocio ministerial para apacentar  y acrecentar  la Iglesia en nombre de  Cristo.  Apacentar y acrecentar, mis hermanos Presbíteros,  identifica y describe nuestro ministerio en función del Pueblo de Dios.  Por eso, no podemos vivir ajenos a  la realidad  que vive el  País y tampoco,  ajenos cuando nuestras comunidades parroquiales decrecen, languidecen o se enferman pastoral y espiritualmente”.   Estamos llamados al pastoreo y a la santificación de cada comunidad parroquial que la Iglesia nos encomienda.
No es de extrañar el llamado a la conversión pastoral que nos hace Aparecida: “La conversión personal   despierta la capacidad  de someterlo  todo al servicio  de la instauración  del Reino de vida.   Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir  una actitud de permanente  conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir lo que ‘el Espíritu está diciendo a las Iglesias’, a través  de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta”, A  366.   Esta actitud de permanente conversión pastoral es urgente  en nuestra Diócesis   del Yunque.   Sufrimos las consecuencias de una  pastoral de conservación, por muchos años, basada en la preocupación, casi  exclusiva,  por los  que están y los que llegan, sin visión misionera  ni opciones pastorales  por los que no participan, los   que no llegan, los de la periferia, las comunidades  aisladas, marginadas o nuevas que se van suscitando.   Nuestro Plan de Pastoral va a tratar este asunto, pero requerirá de cada uno entrar en esta dinámica de conversión pastoral y misionera.

Al finalizar,  S.E.R. Monseñor Eusebio Ramos Morales,  se dirigió al Pueblo de Dios, que a cada oración expresaba el  “AMEN”,  con emoción y profundidad, reconociendo la afirmación de la Palabra de Dios en  la acción misionera de la Diócesis del Yunque:
“Estos son  sus pastores y mis colaboradores más inmediatos, y su sacerdocio está a su servicio y en función de ustedes, como hemos señalado.  Pero, ellos son de carne y hueso, son humanos, “están en el mundo aunque no son del mundo”, como Jesús nos señaló de sus discípulos (Jn. 17,16).   Les solicito a ustedes  encarecidamente su apoyo, su oración, pero  también, su tolerancia y paciencia para con éstos.  Vivimos momentos  difíciles para realizar el ministerio sacerdotal.  El trabajo pastoral es agotador y exigente,  cada vez más,   y somos pocos.   Confiamos en la promesa de Jesús de enviarnos pastores para su Pueblo.  Pero también, les insisto  en la  oración constante de pedir “obreros para su mies”, pastores para su rebaño.    Por tanto,  cuando celebren con sus Presbíteros el don del Sacerdocio que Jesús dejó a su Iglesia,  oren por ellos y den gracias a Dios que, hasta el momento,  tenemos pastores en cada una de nuestras comunidades parroquiales.  También, aprovechen esta Semana Santa para pedir más sacerdotes santos para configurar y santificar al Pueblo de Dios.   ¡Vivamos la  Pascua  y celebremos con alegría la Resurrección del Señor!










No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada